“En las últimas décadas el concepto de evaluación ha sufrido una profunda transformación, también significativa en el ámbito de la enseñanza y del aprendizaje. Al observar nuestro entorno detectamos que las innovaciones, han llegado con facilidad en el uso de las estrategias de aprendizaje, de recursos didácticos, que en el ámbito de la evaluación. Así podemos hallar en las aulas de centros educativos y de formación estrategias de aprendizajes muy innovadores acompañadas de sistemas de evaluación tradicionales. Llama la atención la distancia que existe entre la realidad de las prácticas evaluativas y los avances teóricos y metodológicos que hoy nos presenta la literatura de la evaluación. ¿No será que la evaluación implica además de un cambio teórico, un cambio de actitud?” M. Inmaculada Bordas, Flor A Cabrera
Las concepciones que tenemos sobre lo que implica el proceso de aprendizaje mantiene elementos que pertenecen a métodos tradicionales. En la mayoría de los esquemas docentes existe la concepción de que hay que tener pruebas escritas que demuestren que el estudiante sabe, pero la verdad es que este saber es limitado a un momento y en unas condiciones que no le permiten su transferencia a situaciones reales de su vida, como tampoco le sirven en la vida para desenvolverse con funcionalidad. Es más un conocer que un saber a corto plazo y que inmediatamente cumplió sus fines ya no le sirve.
Los procesos evaluativos siguen siendo centralizados en el docente. Falta participación del estudiante en la evaluación (meta cognición de sus propios aprendizajes). El hecho de que seamos nosotros quienes manejemos el conocimiento de objetivos y criterios de evaluación, pone en desventaja al estudiante, desconoce para que fines trabaja y qué debe aprender. El asumir la evaluación como una responsabilidad propia garantiza que reconocen la necesidad de llegar a un punto satisfactorio para él y para los fines que trabaja. Dar a conocer su propio proceso de aprendizaje le permite al estudiante ponerse en contacto con sus propias capacidades y sus debilidades y esto le permite realizar sus propias reflexiones para tomar decisiones que lo favorezcan frente a sí mismo y frente al grupo. Otra dimensión de este factor es que damos por sentado que los estudiantes no saben y que necesitan que les enseñemos. Bajo esta creencia también centralizamos los procesos en el aula, descartamos la posibilidad de que los estudiantes traen un mundo acorde con el contexto de donde vienen y que la riqueza de esta convergencia en el aula es algo que no podemos dejar de aprovechar. Quizás sea menos complejo para muchos de nosotros conducir el proceso con lo que hemos planificado para ellos, sin ni siquiera consultar, ni evaluar sus necesidades, que evaluar sus conocimientos previos sobre conceptos, procesos y valores que intentamos abordar para luego planear actividades pertinentes y acordes con estas necesidades.
Mantenemos las evaluaciones fuera del proceso de aprendizaje y mostramos poca transparencia con el estudiante y los criterios que guían la misma. Cada actividad que hacemos en el aula nos arroja grandes cantidades de información sobre los alumnos, sin embargo, no tenemos la costumbre ni planificamos el ir registrando ese comportamiento para fines reflexivos de nuestra propia práctica. Estas reflexiones son la base para ir produciendo cambios en nuestros proyectos diarios en el aula. Hay algo muy claro, evaluar no tiene un momento determinado y absoluto, se realiza en cada momento que el estudiante está en una situación de utilizar lo aprendido para resolver situaciones que se le presentan y que conllevan el uso de las habilidades adquiridas a lo largo de su proceso de aprendizaje. Es totalmente injusto para nuestros estudiantes el que apliquemos una evaluación donde se ponen en juego competencias que no se han ejercitado lo suficiente dentro del proceso de enseñanza aprendizaje. Un factor importante es aplicar instrumentos similares en ejercicios de conceptualización en las diferentes sesiones de clases para ejercitar la compresión de instrucciones de modo escrito, factor que influye muchas veces en los niveles de desempeño que muestran los estudiantes.
Cuando tratamos de adentrarnos al modelo constructivista, promovemos una evaluación más formativa que formadora. Esto implica una mayor concentración en contenidos que en procesos y actitudes, donde los resultados no se revierten en un replanteamiento de nuestros planes y prácticas, lejos de concentrarnos en ese sujeto que en el día de mañana se tendrá de desenvolver en su vida como una persona íntegra y que por consiguiente necesita desarrollar diferentes niveles de competencias en las principales áreas del saber, pero que además, necesita desarrollar unos procesos de pensamiento que le permitirán ser una persona creativa, crítica, honesta, responsable con el mismo y con lo que le rodea, entre otros retos a los que nos enfrentamos en la vida.
“Lo anteriormente señalado adquiere sentido y relevancia en la medida en que se centre la atención en la condición humana del individuo, elemento rector en el proceso educativo para lograr el desarrollo social…en el hacer, el deber ser y el ser del individuo y sus relaciones con el entorno, utilizando la reflexión crítica y creativa a objeto de brindar una perspectiva de cambio y transformación social efectiva.
Jerome Bruner plantea que el conocimiento es más útil a una persona cuando es descubierto por sus propios esfuerzos, integrándolo a lo que se conocía con anterioridad.
Es un hecho “el que no aprende es porque no ha estudiado, no ha puesto empeño en empoderarse del conocimiento”. Y sin determinar sus causas a través del proceso evaluativo, continuamos con el grupo restante, como si todos respondieran de la misma manera. Hay una realidad indiscutible, tenemos unas aulas muy pobladas y esto nos acarrea serias limitaciones con situaciones como estas, pero hay otras estrategias que también necesitan ser planificadas y evaluadas para poder utilizarlas con efectividad, el aprendizaje cooperativo, la ayuda que pueden dar los que si tienen el potencial que se espera, sin embargo, esto puede ser un arma de doble filo si no se sabe usar, se podría caer en fraudes, incompetencia de algunos y sobrecarga de trabajo para otros. Entonces se debe planificar con mucha cautela y de ese mismo modo aplicarlas, evaluarlas y accionar frente a las debilidades que presenta la estrategia. Pero esta es la parte más difícil para nosotros los docentes, lo que esto cuesta, tiempo, esfuerzo, recursos, sistematicidad, entre otros factores que intervienen.
Bruner plantea que cada persona selecciona y procesa la información de manera diferente, creando sus propias estructuras de conocimiento. El profesor debe investigar como cada uno de sus alumnos organiza mentalmente la información y la relación que existe entre los contenidos que entrega la escuela y la cultura del alumno, para ayudarle a encontrar sentido a lo que aprende y estimular el desarrollo de sus capacidades.
He aquí otro sentido importantísimo de la evaluación continua y pertinente.
Si el estudiante logra recitar los contenidos de los materiales que utilizamos de lectura, entonces, sabe y ya pensamos que estamos evaluando. Sin embargo, este modelo que intentamos introducir en nuestra práctica, nos dice claramente que esto es solo una parte del proceso, que es importante porque sobre esto que conoce es que debe aplicar el alumno sus procesos de pensamiento para lograr escalar el siguiente nivel en el proceso de aprendizaje. “la repetición no garantiza asimilación, …lo que indica que la situación aprendida no necesariamente puede ser transferida a otras situaciones” . Un ejemplo en mi área: el estudiante podría recitar las causas de la Revolución Haitiana, pero sería incapaz de explicar su relación con las causas de otras revoluciones en América en aquel momento histórico. Aún recite otras causas hay unos procesos de pensamiento que necesita ejercitar para reconocer esta relación y poder explicarla con propiedad y coherencia. Entonces, mientras estemos evaluando contenidos en este sentido, toda esa información que para ellos deja de tener importancia en el momento que la escriben en una prueba, la tarea nuestra no estará dejando huellas en nuestros estudiantes.
Nos mantenemos apegados al aislamiento docente. Tenemos temores de que otros participen de nuestras creencias y nuestras prácticas, temores profesionales, inseguridad, falta de humildad ante los errores y las oportunidades que ofrecen para aprender, creamos “nuestro librito” como dicen en el lenguaje popular, entre otras razones. Lo cierto es que para lograr verdaderos cambios en la formación de nuestros estudiantes se necesitan muchas voluntades y una actitud de apertura a los nuevos cambios. La creación de comunidades virtuales es una de las alternativas por excelencia que se proponen y si esto no es posible de modo virtual, pues de modo presencial, aún más rico porque crea unos lazos afectivos más fuertes en el grupo.
“el poder de un profesor aislado es limitado. Sin sus esfuerzos, jamás se podrá lograr la mejora de las escuelas; pero los trabajos individuales son ineficaces si no están coordinados y apoyados.” Stenhouse, 1987
Es importante que rompamos con este paradigma de que tenemos que proteger el secreto de nuestra práctica, negándonos a compartir nuestras dudas y buenas estrategias con otros, ponernos de acuerdo para acciones conjuntas, crear espacios de respeto y colaboración, transferir esa unidad al trabajo conjunto que hacemos día a día, construir nuevas maneras de conducir el proceso en las aulas de un modo más eficaz. Es una manera de decirles a nuestros estudiantes, todos estamos de acuerdo en trabajar para sean exitosos en sus procesos de aprendizaje.
Finalmente, “La evaluación, además pasa a ser un elemento vivo con una causalidad y una aportación para el alumno. Evaluar no es “demostrar” sino “perfeccionar” y “reflexionar”. La evaluación debería convertirse en un proceso reflexivo donde el que aprende toma conciencia de sì mismo y de sus metas y el que enseña se convierte en guía que orienta hacia el logro de unos objetivos culturales y formativos.” M. Inmaculada Bordas, Flor A Cabrera
Resultan ser incoherentes los planteamientos de estrategias constructivistas y la carga de contenidos propuestos por nuestro currìculum, ya que los ejemplos que se proponen para una actividad significativa suelen limitarse a pocos conceptos para que pueda ejecutarse en un tiempo clase, pero si aplicáramos estos procedimientos para cada contenido que está planteado por área, el tiempo no sería conveniente. Aquí vemos que también es incoherente lo que plantean las instituciones educativas, en este caso a nivel superior, en sus programas, sobre el tiempo para agotar una gran cantidad de contenidos utilizando estrategias que desarrollen el pensamiento crítico y creativo del sujeto. Del mismo modo, vemos como hacemos experimentos en nuestras aulas tratando de cambiar nuestras prácticas y como al final terminamos evaluando de modo tradicional.
“evaluar el mismo contenido con distintas técnicas: una actividad de evaluación es parcial en cuanto a la naturaleza y amplitud de relaciones del significado que explora, es previsible que el alumno y la alumna disponga de otras relaciones significativas que el instrumento o procedimiento de evaluación que se utiliza no logra alcanzar” M. Inmaculada Bordas, Flor A Cabrera, Estrategias de evaluación de los aprendizajes centrado en el proceso.
Con esta implicación de la evaluación planteada y los postulados sobre las características del aprendizaje significativo, se necesita un tiempo y una limitación de contenidos para que esto pueda lograrse.
Qué interesante sería tener comentarios como los que fueron recogidos en esta investigación de Lidia F. Ruiz y Lizabeth Pachano “Modelo teórico de evaluación constructivista” después de que hayamos logrado cambiar nuestros esquemas y se consigan las condiciones necesarias para implementar este proceso en nuestras aulas.
“Estaba desorientado porque no había tenido clases en donde pudiera participar tan activamente y comprendí la necesidad de discutir los contenidos para encontrarle su importancia”.
“Me di cuenta de lo importante que es asistir a clase todos los días y no sólo venir a presentar la materia”.
“Con la participación activa en clase me sentí con ánimo de prepararme para que mis ideas fueran tomadas en cuenta por el resto de mis compañeros”
Sin embargo, personalmente pienso que cada uno de nosotros irá haciendo cambios poco a poco dentro de nuestras posibilidades y con los medios que tenemos a nuestro alcance, con la intención de mejorar la calidad del aprendizaje de nuestros estudiantes, siempre y cuando también nuestra actitud abierta a los cambios se fortalezca en este proceso de capacitación.